Había escuchado hablar de ella y sentía temor mezclada con ansiedad de no saber cual sería mi reacción el día que estuviésemos cara a cara…

Cuando menos pensé, un día cualquiera me la topé de frente. Oh Dios, me sentí pequeña, como una hormiguita indefensa frente a un pie gigante a punto de aniquilarme… Cerré los ojos fuerte, me puse en posición fetal. Todo mi cuerpo temblaba, as lagrimas rodaban por mis mejillas… Poco a poco se hacía mas grande el eco de mi llanto y yo me sentía minúscula en mi pequeña casa.


Estaba ahí, silente, observándome…

Ya cansada de llorar, sutilmente se acercó, me abrazó y fue tan cálido su gesto que mi llanto fue cesando.

Después abrí los ojos, ya no sentía temor, por el contrario, afloraron en mí unas ganas enormes de abrazarle también y lo hice fuerte, muy fuerte.

Luego hablamos durante toda la madrugada, como las más grandes amigas. Me escuchó atenta sin interrumpirme y luego me aconsejó. Justo en ese momento comprendí que no era tan mala como decían, más bien era sabia ¡Muy sabia!

Al amanecer nos despedimos porque tenía una cita pendiente con alguien más… Sin embargo, a partir de ese día floreció una linda amistad. Ella se convirtió en mi gran consejera.
Somos de esas amigas que no están en contacto de forma constante pero de vez en cuando me visita y soy feliz en su compañía….

Es increíble ver cómo sigue siendo igual de buena, sabia y oportuna… Es increíble el poder que tiene para sanarme y darme respuestas.

Palabra de bicicletera: Cuando la soledad te visite no le temas, déjate arropar su infinita sabiduría.